¿Cómo gestionar las emociones de forma ágil ?

Actualizado: 12 jun 2021






Aristóteles decía: “es muy fácil enfadarse,  lo difícil es enfadarse con la persona oportuna, con la intensidad oportuna, en el contexto adecuado.

Las emociones juegan un papel importante e impactan de manera general en nuestras vidas; son esenciales porque nos permiten apreciar y experimentar el mundo que nos rodea, poniendo en movimiento a nuestra mente y organismo, para que reaccionen ante los estímulos, y así garantizar la supervivencia e interacción con el entorno. Por ello, entenderlas y gestionarlas con agilidad, es clave para que se conviertan en aliadas de nuestro bienestar.

Somos seres sociales en continua relación con otras personas, pertenecemos a un sistema familiar, social, organizacional, etcétera, en donde interactuamos con la familia, los amigos o compañeros de trabajo, y al final esas relaciones que construimos, pueden ser una fuente de bienestar o de insatisfacción. Nuestra manera de relacionarnos está influenciada en gran medida por nuestras emociones y sistemas de creencias, que son como carpetas mentales en las que almacenamos todas las vivencias y experiencias originadas desde temprana edad. Buena parte del sufrimiento psíquico, se debe a que cuando nuestras emociones, pensamientos y recuerdos, no se corresponden; quedamos atrapados en dinámicas en las que seguimos ciertos patrones casi en piloto automático, y tendemos a embotellar o incubar nuestras emociones, lo que nos impiden liderarlas con presteza. Quienes embotellan sus emociones, tienden a no expresarlas, a reprimirlas, o evadirlas, mientras que quienes las incuban, tienden a sentirlas con gran intensidad, se sumergen en sus emociones, al punto de correr el riesgo de ahogarse en ellas. Ambas propensiones, generan bloqueos y problemas en aspectos de la vida, como la salud, el desenvolvimiento profesional y el crecimiento personal.

El destacado neurocientífico, Antonio Damasio , plantea en una de sus investigaciones, que: en la base de cada pensamiento racional hay una emoción implicada, y por lo tanto también en cada comportamiento; ya que a pesar de que tenemos un cerebro en donde la razón y la emoción funcionan en simultaneidad, cuando en nuestros sistemas de creencias, se han acumulado rutinas que nos impiden conectar adecuadamente con nuestro mundo interior; a menudo nos quedamos bloqueados por esos factores, hasta el punto que nos llevan a sufrir depresión, ansiedad o quedarnos estancados sin poder avanzar hacia la persona que deseamos ser. Damasio, también nos sugiere que al educar las emociones, adiestraríamos también al cerebro en procesos significativos que involucran acciones como tomar decisiones responsables, entendernos a nosotros y entender como relacionarnos mejor con nuestros semejantes; ya que las emociones son perfectamente entrenables, y al igual que un músculo de nuestro cuerpo, también podemos educar el miedo, la ira, la alegría, el enfado y otras emociones que tienen un alto impacto en nuestro bienestar.

¿Cómo podemos establecer una relación sana con nuestras emociones y extraer lo mejor de nosotros?

La Psicóloga Susan David, profesora de educación emocional en la Universidad de Harvard, sostiene que según sus investigaciones, la mayor parte de las personas se juzgan a si mismas por sentir emociones negativas como los celos, la envidia o la tristeza; no obstante las emociones no deben ser catalogadas como “ buenas o malas”, forman parte de nuestra humanidad, y en lugar de sentir culpa, es más benéfico tomar responsabilidad sobre ellas; porque el problema no son las emociones, sino la falta de competencias para gestionarlas de forma útil, y si no sabemos gestionarnos a nosotros mismos, entonces todo lo demás a nuestro alrededor se verá afectado.

Una forma de instruir las emociones, es a través de la gimnasia emocional, la cual ayuda a establecer nuevas conexiones neuronales en nuestro cerebro, y a sentirnos mejor y más equilibrados en la expresión de nuestras emociones. En este post te compartiré tres ejercicios muy sencillos.

1. Tomar conciencia de nuestro estado emocional habitual: Lo primero que corresponde hacer, es aprender a reconocer y a aceptar nuestras emociones. En la medida que entendamos como funcionamos, será más fácil gestionar nuestras emociones. Para ello es importante al iniciar y al finalizar el día; recogernos en silencio durante al menos cinco minutos y respirar con tranquilidad, para censar nuestro estado de ánimo y equilibrarnos. Muchas veces transitamos sin percibir nuestros gestos y palabras, los cuales repercuten en los demás y consecuentemente en nosotros. Realizar este ejercicio en forma consciente y continua, nos ayudará a cultivar la empatía con nosotros mismos y con los demás.


2. Mirar las emociones desde un balcón: Algunas veces nuestras emociones son generadas por personas y circunstancias externas; sin embargo, la mayoría de las veces, son producto de nuestras percepciones y narrativas. En ambos escenarios es conveniente distanciarnos un poco de las emociones; como si estuviéramos apreciando un evento desde un balcón, y plantearnos preguntas como ¿Por qué siento esto?, ¿Cuáles son mis valores? ¿Quién quiero ser en esta situación?, ¿En correspondencia con mis valores, qué elecciones voy a tomar? ¿Qué puedo hacer para cambiar esta sensación? Reflexionar y cuestionarnos, nos ayudarán a tener una mejor comprensión y objetividad para cambiar el enfoque que damos a los que nos está ocurriendo, de modo que no nos afecte más de lo necesario.


3. Exteriorizar las emociones: Entender que las emociones son pasajeras y que podemos formular soluciones positivas si aprendemos a aceptar cómo nos sentimos, nos ayudará a exteriorizarlas, desde la fragilidad y grandeza de nuestra humanidad. Si nos resulta incómodo y muy difícil expresarlas, hay atajos que podemos tomar para empezar; como por ejemplo, escribir sobre lo que sentimos, al revivir y categorizar las emociones mediante la escritura , se reactivarán estructuras cerebrales que ayudan a pasar de la comprensión a la modificación; es importante que al exteriorizar las emociones las separemos de la persona que somos, y en vez de afirmar siento ira, digamos: noto que estoy enfadado(a), e incluso se vale reír para liberar endorfinas y equilibrar la emoción en el momento. También nos favorecerá el realizar alguna forma de arte, actividad deportiva o contemplativa. Expresar las emociones positivas, también es necesario; abrazar y entregar palabras estimulantes y sentidas, mejorarán y fortalecerán nuestra salud emocional.


Nuestras emociones son jardines que debemos cultivar, abonando cada día nuestros esquemas mentales para liberarnos de la competencia y la hostilidad, y transitar desde la separación hacia la aproximación, reconociendo que somos seres distintos, más no distantes. Realizar diez minutos diarios de gimnasia emocional, puede hacer una gran diferencia en nuestras interacciones y bienestar y también nos da la oportunidad de dejar una huella positiva en los demás.


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