Los apegos inseguros y el triángulo dramático en la etapa adulta.

Actualizado: 29 abr 2021


Las asociaciones y vínculos que establecemos con nuestros semejantes, son ineludibles y muy significativos para nuestro bienestar. En la cotidianidad, nos acercamos a los demás en diferentes niveles, desde los superficiales, hasta los más profundos: intercambios informales con desconocidos, el compañerismo, las relaciones laborales, la amistad, y el amor, en su inmensa y variada escala de vínculos; pueden ser fuentes de grandes satisfacciones o de angustias y aflicciones; dependiendo de las elecciones y aproximaciones que hagamos hacia los demás.


¿Por qué algunas personas establecen relaciones armónicas y felices, y otras viven en constante tensión y conflicto en sus interacciones?

Conocer la manera en que se desarrollan los afectos, puede ayudarnos muchísimo a entender por qué algunas personas, usualmente de manera inconsciente, se relacionan bajo triángulos dramáticos. Pero antes de hacer una referencia del porqué de los dramas en las relaciones humanas; es necesario hablar de los apegos; esos lazos emocionales que creamos en nuestras interacciones primarias, durante la infancia, y que impactan nuestra seguridad, sentido de pertenencia, y desenvolvimiento afectivo en la vida adulta. Sucede que, en las primeras etapas de nuestras vidas, desde los 4 meses de gestación hasta los 4 años, los lazos afectivos que establezcamos con nuestros cuidadores, serán fundamentales para el desarrollo de la empatía, un elemento fundamental en las interacciones sociales, porque nos aproxima y ayuda a conectar emocionalmente con los demás. Por ejemplo, un niño al que no se le proporciona seguridad en sus primeros años de vida, y no reciba signos de atención y reconocimientos positivos, que lo hagan sentirse apreciado; como los cuidados, el amor y la atención, no desarrollará los recursos emocionales adecuados, para posteriormente establecer relaciones basadas en afectos positivos, y al relacionarse con otros, la alternativa será, poner en marcha juegos psicológicos que, aunque le hacen sentir mal porque provocan dolor emocional y relaciones de profunda tensión, son un mecanismo para obtener atención. Así es como surgen los apegos inseguros, que más tarde llevarán a relacionarse mediante un triángulo dramático, que a menudo es un claro síntoma de las carencias afectivas en la vida interior o vida emocional de las personas.


Gran parte de los problemas que surgen en las relaciones interpersonales, están asociados con los apegos inseguros desarrollados en la infancia, los cuales desencadenan patrones conductuales de dependencia emocional, distancia emocional, y conductas explosivas e impulsivas; que desencadenan dificultades para entenderse con otros individuos.

El psicólogo transaccional Stephen Karpman, en su teoría sobre las relaciones interpersonales, detalla que los apegos inseguros, se manifiestan en roles o comportamientos, bajo tres tendencias comunes, a las que que llamó, el rol perseguidor, el rol de la víctima y el rol del rescatador.


El que se siente víctima asume un papel de indefensión, con actitudes como quejarse de todo y de todos de forma constante, las cosas no le van bien y es porque los demás no le aprecian ni valoran sus esfuerzos; estas personas, se sienten de alguna manera como si fueran un niño débil y sumiso, estancados en una inmadurez crónica, porque les cuesta asumir su adultez y su patrón de comportamiento, es buscar a otros para que les resuelvan sus problemas. Las personas que se sienten víctimas, utilizan la manipulación emocional y constantemente piden ayuda, pero cuando se les da, en realidad no la quieren, porque desean mantenerse como víctimas, ya que esto les genera la atención de los demás. Una persona que está siempre quejándose de sus infortunios; lo hace para tener la mirada y la atención de quienes le rodean. En consecuencia, este comportamiento genera mucha inestabilidad y ansiedad en sus relaciones, les cuesta mucho salir de esa actitud, porque muchas veces, obtienen un reconocimiento a través de ello y crean mucha insatisfacción en sus interacciones, porque agobian a los demás con sus suplicios e incapacidad de asumir responsabilidades, y por lo general terminan siendo evitados.


El rol del salvador, son aquellos individuos denominados rescatadores del mundo, sus acciones son como una especie de terrorismo cargado de buenas intenciones. El esquema de apego de quien juega al salvador, lo empuja a necesitar controlar las situaciones y sentirse útil para los demás; pero el problema es que llegan a auxiliar sin que se lo pidan, y pueden ser muy invasivos y anuladores con la autonomía de los demás. Cuando una persona se pone de salvador, coloca al otro en víctima y luego se siente abusado y utilizado, porque se ha responsabilizado de la mochila del otro, resolviendo sus problemas y asumiendo sus tensiones como si fueran propias, y en algún punto, llega a ser rechazado, por su actitud e intromisión, de querer controlar la dignidad y capacidad de la otra parte, para asumir sus problemas. El salvador por su parte sufre, porque siente que se sacrifica y no es reconocidos por el esfuerzo dedicado.


El rol de perseguidor es propio de las personas que se caracterizan por la conducta de juzgar todo lo que les rodea, critican y acosan de manera intransigente a los demás; están pendientes de cada detalle y buscan castigar y reprochar, enfocando los puntos débiles de los otros. Suelen humillar con sus palabras y acciones, son personas con conductas sarcásticas y discriminadoras, que tienden a deshumanizar a los demás e incluso pueden llegar a manifestarse con la violencia física o psicológica. No es fácil lidiar con este personaje, porque es muy intransigente y despierta ira y frustración en los demás, desencadenando conflictos y la evitación de su entorno.

Cabe resaltar que estos roles no son fijos, se puede adoptar o pasar de un rol a otro, dependiendo la situación y la necesidad de reforzar la dependencia y lazos asociantes de los participantes. Por ejemplo, alguien que ayuda a otro sin solicitud, después pasa al rol de perseguidor o víctima. En sus dinámicas la comunicación es poco asertiva, tienen mucha ira y miedos reprimidos, que les generan ansiedades; en el fondo lo que prevalece detrás de todas sus actitudes, es la necesidad de saberse reconocidos y la carencia de recursos saludables, para lograr el sentido de pertenencia que tanto anhelan.


¿Cómo escaparse de estos triángulos dramáticos?

Si bien es cierto que, todas las interacciones mencionadas, nos generan emociones poco gratificantes y nos restan energía, también es muy probable que, en algún momento tengamos que afrontar este tipo de actitudes y conductas en nuestras interacciones. El gran desafío será, no formar parte del triángulo y relacionarnos sin entrar en su juego, de estas tendencias para nada saludables. Para ello es importante tener presente dos claves: número uno: encauzar nuestras emociones y asumir la madurez que la otra parte no tiene, y dos, separar a la persona de sus conductas y actitudes, esto nos ayudará a respetar la dignidad de la otra parte, aun cuando no aprobemos su proceder, y a dirigirla hacia actitudes más saludables, es decir, no permitir que nos ancle en su juego, estableciendo pautas desde la madurez y el respeto por la dignidad del otro. Muchas veces es complicado, porque estas personas son como “una herida sangrando”, y suelen ser poco receptivas, no obstante, el simple hecho de no juzgarles ni equiparase a su proceder, puede contenerlas y devolverles la dignidad, al no reconfirmar su teoría de esquemas mentales, de que están destinados al rechazo de los demás.


¿Es posible reconstruir los apegos?

Los apegos inseguros constituyen una dinámica de interacción y comunicación disfuncional, sin embargo hay una noticia positiva y esperanzadora, claro que sí, los apegos se pueden reconstruir, se puede salir del triángulo dramático desde la conciencia, desde la humildad de una auténtica disposición de cambiar, desde el querer madurar y aceptar que no hace falta que entremos en un juego de actitudes que nos hagan daños, porque podemos actuar de una manera mucho más adulta, mucho más responsable, sin maltratarnos los unos a los otros. Con esta determinación y con la guía de un profesional, se identificarán cómo se han generado estos apegos, y se establecerán las estrategias para modificarlos.


¿Cómo se restauran los apegos insanos?

Es complicado que una persona por sí sola, pueda resolver las dificultades de los apegos inseguros, ya que son muchos los aspectos de posibles traumas y conflictos internos, que hay que trabajar, desde identificar la fuente de la inseguridad, el autoconcepto, la autoestima, la manera de solucionar los conflictos, las creencias y pensamientos, y otros elementos, en los que, la ayuda de un profesional de la salud mental, sería lo ideal para acompañar a las personas en el abordaje y reconstrucción de sus apegos. El tratamiento psicológico, implica analizar y considerar una gran variedad de aspecto relacionados con la personalidad, y la biografía familiar, entre otros elementos relevantes.


¿Es posible a cualquier edad restablecer la estructura de los apegos?

Aunque puede ser más expedito intervenir durante la infancia y la adolescencia; también en la edad adulta se puede modificar, identificando los elementos importantes de comprensión de sentimientos y emociones y trabajando en conjunto el paciente y el terapeuta, se puede lograr que esa estructura vuelva a ser segura.

Las relaciones saludables, propician la comprensión y buena convivencia con nuestros semejantes; en otras palabras, elevan nuestra calidad de vida. Vale la pena invertir los esfuerzos, en construir puentes de armonía y destruir los muros de los conflictos destructivos.


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